13 de junio de 2008

Ellas pagan los platos rotos

Hemos recibido de Amnistía Internacional la siguiente propuesta de acción:

Las mujeres sufren violaciones de derechos humanos en todo el mundo por el simple hecho serlo. Si además viven en un entorno de marginalidad y pobreza, entonces su vida puede convertirse en un auténtico infierno.

Los barrios pobres de Brasil han llevado esta situación al extremo. Las mujeres que viven en las “favelas” son víctimas habituales de la violencia criminal y policial. Los narcotraficantes las usan como “camellos” y las obligan a brindar favores sexuales para pagar deudas, son consideradas objetos por delincuentes y agentes de policía corruptos. Las escuelas, guarderías y maternidades no funcionan porque los propios trabajadores, en ocasiones, no se atreven a entrar a estas barriadas. También en las superpobladas prisiones del país son habituales los abusos, incluida en algunos casos, la violación.

Es urgente que se tomen medidas para mejorar las condiciones de vida en las comunidades marginadas. Actúa ahora para pedir al gobierno brasileño el compromiso de velar por la seguridad y ofrecer una vida digna a estas mujeres.

12 de junio de 2008

Las tremendas contradicciones del paro de los transportistas

Carlos Martínez
Rebelión

Los camioneros y pescadores han parado por el alza del precio del combustible. Este cierre patronal ha sido impulsado especialmente por los camioneros autónomos, mientras que la gran patronal del sector del transporte todavía no ha apoyado el paro. El pasado domingo día ocho de junio, en el programa Hora 25 de la Cadena Ser se escucharon las reclamaciones de un grupo de transportistas que formaban un piquete, pedían unas “tarifas mínimas por ley”, subvenciones y/o bajadas de impuestos sobre los carburantes e insultaban a Zapatero porque en la reciente cumbre de la OMC había prometido 500 millones de euros para paliar la crisis que azota a los más pobres del planeta, argumentando que era “su dinero” recaudado con “sus impuestos”.

Si hay un grupo social caracterizado por conservador y liberal en su ideología es el de los autónomos. Camioneros, pescadores, taxistas, agricultores son, en general, votantes de derecha y piden “menos impuestos y menos estado”. Sin embargo, cuando caen sus beneficios reclaman ayudas y subvenciones del “papá estado”, por ejemplo los agricultores propietarios de la tierra y ganaderos pueden continuar produciendo gracias a las subvenciones que reciben de la Unión Europea, puesto que sin estas ayudas directas e indirectas no podrían competir con los costes de producción de los agricultores y ganaderos del sur.

Los agricultores y ganaderos, también piden aranceles para impedir la entrada de productos extranjeros, sin embargo exigen que el estado subvencione el gasoil que también se consigue en el mercado internacional. Cuando los trabajadores se manifiestan, los transportistas y taxistas, son los primeros en reclamar de la policía para que dejen la vía pública pero ningún piquete de trabajadores es tan violento como los protagonizados por ellos.

Las tremendas contradicciones de este colectivo surgen de su doble condición, son a la vez empresarios y trabajadores, eso sí, pequeños empresarios, por lo que la única forma de sobrevivir en el mercado es la explotación de su fuerza de trabajo por ellos mismos. Quizás no hay forma más eficaz de alienación capitalista que la que se consigue con este tipo de subcontratación. El empresario ya no necesita “vigilar” al trabajador para que este produzca, ya que al estar relacionados directamente sus ingresos con la producción, el trabajador se convierte en preso y carcelero simultáneamente.

Además, el empresario se ahorra un buen dinero, pues a un trabajador le debe pagar las cargas sociales, mientras que el autónomo tiene que desembolsar la Seguridad Social de su propio bolsillo, por lo que siempre se tiende a la cotización más baja y por tanto recibe unas prestaciones claramente insuficientes. Igualmente, a pesar de contar la mayoría de ellos con un sistema fiscal con menor carga impositiva que el resto de los trabajadores (IRPF por módulos), el hecho de ser ellos los que tengan que pagar directamente a Hacienda en lugar de que esa cantidad venga ya descontada por el empresario, no hace más que exacerbar su “pensamiento” liberal.

Los transportistas han ayudado a caer a gobiernos democráticos que intentaron aplicar políticas socialistas (recordemos el paro previo al golpe de estado contra Allende en Chile) pero nunca se han sumado a movilizaciones de los trabajadores u otro tipo de movimientos sociales. Dos son las conclusiones que podemos obtener de estas protestas, la primera que mientras que el sistema económico social permita la existencia de este tipo de trabajadores, las clases dominantes tendrán un gran aliado en ellos. La segunda es que la derecha o los liberales no quieren “menos estado” sino un estado todavía más servil a sus intereses privados.

Las cinco llagas de la Iglesia hoy (y 5)

Xavier Alegre, Josep Giménez, José I. González faus, Josep M. Rambla
Cristianisme i Justícia

QUINTA LLAGA: LA HELENIZACIÓN DEL CRISTIANISMO

La inculturación del cristianismo en el mundo y mentalidad grecolatinos ha sido una de sus mayores gestas, y tememos que el cristianismo actual no sería capaz de una gesta similar en el mundo de hoy. Pero, nuestro modo de preguntar a la realidad y de categorizarla ya no es el del mundo grecolatino. De ahí que una gran mayoría de las formulaciones dogmáticas de la fe, teniendo un valor innegable, resulten para el hombre de hoy tan incomprensibles como carentes de significado y de llamada a la entrega. Los especialistas piensan que, al menos para hoy, la helenización del cristianismo lleva a una pérdida de sus raíces bíblicas. Y sin embargo, sigue habiendo voces oficiales que pretenden que la vestimenta grecolatina del cristianismo es la mejor, si no la única posible, incluso para el mundo futuro. La Iglesia nunca debería olvidar las palabras de Juan XXIII al abrir el Vaticano II, que ahora citaremos.

Ocasiones perdidas

A lo largo del siglo XX hubo dos acontecimientos que significaban ya ese malestar, y esa necesidad de ir saliendo de la matriz grecolatina (aunque –repetimos– sin desconocer sus aportaciones): el problema del modernismo con su atención a la experiencia religiosa y el de la teología de la liberación con su atención a una dogmática que resultara “performativa” (con perdón por el anglicismo): capaz de poner en marcha una praxis de seguimiento radical.

La Iglesia oficial no supo discernir lo que en esos intentos imperfectos había de signo de los tiempos. Sólo supo “quebrar cañas cascadas y apagar mechas humeantes” (y aún sería más correcto decir: abortar promesas incipientes de vida). Condenó dos versiones deformadas de ambas corrientes, y estableció una auténtica caza de brujas contra voces que podían tener algo de imprecisas o imperfectas, pero tenían mucho de proféticas. De este modo, no se permitió buscar respuesta alguna al problema que ambas corrientes planteaban, por el único camino por el que la condición humana puede hallar respuesta a los problemas nuevos: el camino del estudio y del diálogo. Añadamos que ambos problemas hubiesen tenido más fácil acceso desde una mentalidad más semita y menos grecorromana.

Ya a comienzos de siglo, el protestante A. Harnack había escrito que “el método inquisitorial es el peor de todos para captar lo que otro ha dicho”. Nuestra Iglesia todavía no parece haber aprendido esa verdad elemental. Y lo peor es que la mayoría de aquellos condenados eran gentes de excelente voluntad que, más allá de errores quizás inevitables en los comienzos, pretendían servir al cristianismo y a la Iglesia.

Citemos un par de ejemplos referidos a cada uno de esos dos intentos (modernismo y teología de la liberación).

1. A. Loisy, en el mismo año 1904, escribió una carta al papa Pío X, en la que le decía literalmente: “quiero vivir y morir en comunión con la Iglesia católica. No quiero contribuir a la ruina de la fe en mi país. No está en mi poder destruir en mí el resultado de mis trabajos. En la medida de mis posibilidades me someto al juicio emitido contra mis escritos por la Congregación del Santo oficio. Y como testimonio de mi buena voluntad, y a favor de la pacificación de las almas, estoy dispuesto a abandonar la enseñanza que profeso en París, y a suspender las publicaciones científicas que estoy preparando”.

¿Podía pedirse más? Sin embargo Pío X, ateniéndose a las frases que hemos subrayado, dictaminó en un escrito dirigido al arzobispo de Paris: “la carta apela a mi corazón, pero no está escrita con el corazón”: un juicio de intenciones, que ni siquiera un papa se puede permitir. Y es cierto que algunas opiniones exegéticas de Loisy han sido superadas después. Pero en puntos como la historicidad de los relatos del Génesis o de los mismos evangelios (leídos con el criterio moderno de historicidad), o la concordancia entre los relatos de la resurrección o el origen de la Iglesia... Loisy tenía mucha más razón que Pío X. Aquel intentaba ilustrar la fe, y éste proponía a la Iglesia una fe “de carbonero”.

2. Un teólogo europeo, de la talla de J. B. Metz, pregunta a propósito de las teologías de la liberación: “¿es atrevido suponer que allí irrumpe una idea nueva y más clara de lo que comporta la cercanía a Jesús, esto es, de lo que promete y exige el seguimiento?”. Y contrapone esta pregunta a lo que, según él, surge del alejamiento de Jesús, aun añadiendo que “esto no lo digo con ánimo de denuncia sino con un asomo de tristeza y desazón”. Y eso que surge es: “un cristianismo que se asemeja a un hogar religioso para burgueses, una religión exenta de peligro, pero también de virtualidad consoladora.

Consecuencias

Creemos sinceramente que “aquellos polvos (del s. XX) trajeron estos lodos (del s. XXI)”. El cual, además, habrá de afrontar otra “promesa peligrosa” que es la del llamado diálogo y convivencia entre las religiones, de la que ahora prescindiremos. Sólo nos queda señalar que toda forma de inquisición (aunque no asesine corporalmente) resulta a largo plazo mucho más nociva para el Evangelio, de lo que puede tranquilizar a corto plazo. Es inevitable evocar la frase del físico Andrei Sarajov: “la intolerancia es la angustia de no tener razón”. Esta es la impresión que dan hoy a la gente muchas actuaciones y declaraciones de bastantes autoridades eclesiásticas.

Aterrizando un momento en anécdotas de nuestro país, en la España de hoy las editoriales católicas (tan meritorias por trabajar en una situación de exclusión y de marginación cultural), soportan un pesado calvario por parte de la jerarquía, por motivos que no tienen nada que ver con la verdad de la fe, sino con intereses de partidismo eclesial. Es vergonzoso que una obra como el “catecismo islámico”, realizada por una editorial católica, meritoria por ecuménica, por pedagógica y por lo que ayudó para ilustrar a muchos clérigos musulmanes, vea impedida su publicación con argumentos como que fomenta el indiferentismo o banaliza la religión. Creemos que la actual jerarquía debería meditar muy seriamente tres frases evangélicas y tres actitudes inculcadas por Jesús. La primera: no hay que impedir a nadie que haga el bien simplemente porque “no es de los nuestros” (Lc 9,50). La segunda: cuando se sienta maltratada no debe recurrir, como los apóstoles, a pedir que “baje fuego del cielo”, porque merecerá la acusación de su Señor: “no sabéis de qué espíritu sois” (Lc 9,55). Y en tercer lugar releer muy seriamente la dura diatriba de Jesús contra los “eclesiásticos” de su tiempo, en el capítulo 23 de san Mateo, recordando el comentario de varios santos Padres: que aquellas cosas no se habían escrito contra los judíos, sino para que no las repitiéramos nosotros...

Según las fuentes cristianas, el Espíritu de Dios ha sido derramado “sobre toda carne” y no sólo sobre la carne occidental o europea. Las tareas concretas que eso implica por lo que hace a la noción de verdad y revelación, a la concepción misma de Dios, a la primacía del amor sobre el poder, la atención al sufrimiento y lo que Metz califica como “memoria passionis”... han sido tratadas por muchos en otros lugares. Nosotros creemos poder concluir este capítulo citando las palabras antes evocadas de Juan XXIII, en la apertura del Vaticano II:

“Una cosa es el depósito mismo de la fe... y otra la manera como se expresa; y deello ha de tenerse gran cuenta... De la adhesión renovada, serena y tranquila, a todas las enseñanzas de la Iglesia... el espíritu cristiano, católico y apostólico de todos espera que se dé un paso adelante hacia una penetración doctrinal... en conformidad con los métodos de investigación y con la expresión literaria que exigen los métodos actuales”. Porque “nuestro deber no es sólo custodiar ese tesoro precioso, como si únicamente nos ocupásemos de la antigüedad, sino también dedicarnos con voluntad diligente, sin temores, a la labor que exige nuestro tiempo”. Si sólo se tratase de repetir lo dicho, concluía el papa: “para eso no era necesario un concilio”. (BAC, pág. 753).

Tememos que nuestra Iglesia dé la impresión demasiadas veces de “ocuparse sólo de la antigüedad”, y tememos que ello se deba a que la adhesión a las verdades de fe no es “ni renovada, ni serena, ni tranquila”.

Todo ello es más triste porque, como dice el Evangelio, “el buen pastor conoce sus ovejas” (Jn 10,14). Y nos parece que muchos obispos y monseñores no conocen el esfuerzo y la admirable lucha, entre dificultades, oscuridades, desaprobaciones y poco tiempo libre para ello, que mantienen muchos cristianos o muchos humanos para sostener o encontrar su fe. Son admirables y sólo se les mira como censurables y hasta como “hijos pródigos” que, en vez de los brazos abiertos de un padre, sólo parecen encontrar obstáculos en su camino de regreso.

11 de junio de 2008

El cuento del banquero

El banquero

Una tarde un famoso banquero iba en su limusina cuando vio a dos hombres a la orilla de la carretera comiendo césped.

Preocupado, ordenó a su chofer detenerse y bajó a investigar. Le preguntó a uno de ellos:
- ¿Por qué están comiéndose el césped?
- No tenemos dinero para comida. - dijo el pobre hombre - Por eso tenemos que comer césped.
- Bueno, entonces vengan a mi casa que yo les alimentaré - dijo
el banquero.
- Gracias, pero tengo esposa y dos hijos conmigo. Están allí, debajo de aquél árbol.
- Que vengan también, - dijo nuevamente el banquero.

Volviéndose al otro pobre hombre le dijo:
- Ud. también puede venir.

El hombre, con una voz lastimosa dijo:
- Pero, Sr., yo también tengo esposa y seis hijos conmigo!
- Pues que vengan también. - respondió el banquero.

Entraron todos en el enorme y lujoso coche. Una vez en camino, uno de los hombres miró al banquero y le dijo:
- Sr., es usted muy bueno. Muchas gracias por llevarnos a todos!!!

El banquero le contestó:
-¡Hombre, no tenga vergüenza, soy muy feliz de hacerlo!. Les va a encantar mi casa.... ¡El césped está como de veinte centímetros de alto!.

Moraleja:
Cuando creas que un banquero te está ayudando, piénsalo dos veces.

Impunidad en Colombia

Colombia sorprende por tener una de las Constituciones y marcos legales más avanzados del mundo. Los expertos afirman que las leyes colombianas están a la altura de las mejores del mundo. Y puede que sea cierto, como también lo es que se cumplen muy poco. Un 75% de los hechos violentos no son denunciados y de los que lo son, el 98% queda en la impunidad. No es de extrañar que la gente desconfíe de la justicia. Numerosas instancias internacionales de protección a los derechos humanos han reconocido que en Colombia la impunidad es estructural, particularmente en lo que se refiere a violaciones de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario. La Relatora Especial sobre la Violencia contra la Mujer de Naciones Unidas, en su visita a Colombia, afirmó que la impunidad “se observa en todas partes” y señaló que “el Estado será responsable de todas las violaciones de los derechos humanos que ocurran mientras no adopte medidas para garantizar que la justicia se administre de manera equitativa y eficaz en el país”.

La primera evidencia de la impunidad es la distinta aplicación que se hace de las leyes según quien sea el acusado. Si se trata de miembros de la Fuerza Pública o de sus aliados, los paramilitares, los procesos se ralentizan, las pruebas desaparecen, se desacredita o elimina a los testigos y, en muchas ocasiones, la víctima acaba huyendo del país. Por el contrario, si se acusa a alguien del delito de rebelión, la ley se aplica con el máximo rigor hasta el punto de que el acusado tiene que demostrar su inocencia. Además los procesos iniciados contra uniformados acaban con frecuencia en manos de la justicia militar.

Incluso el Fiscal General de la Nación hasta 2005, Luis Camilo Osorio, está siendo investigado por destituir a fiscales y concluir de forma irregular procesos abiertos en contra de altos mandos militares por sus nexos con los paramilitares. Cuando acabó su mandato, Osorio fue premiado por el presidente Uribe nombrándole embajador en Italia.

A pesar de los esfuerzos de algunas instituciones colombianas, como la Corte Suprema y la Corte Constitucional, los casos denunciados se quedan en investigaciones preliminares y si avanzan, los jueces y abogados son amenazados o incluso asesinados. La falta de castigo es la causa principal de que la violencia se repita sin cesar.

Rebelion

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