3 de febrero de 2009

Por un poco de gasolina

111 muertos y mas de 200 heridos.

Kenia vuelve a sufrir una desgracia. Las imágenes vistas en televisión son tremendas. Los cuerpos calcinados reposan al lado del camión cisterna que había volcado lleno de combustible, el que intentaban coger aquellos que ahora ya no pueden contarnos sus desgracias. Una madre busca a sus hijos, no pudo evitar que fueran a buscar garrafas a casa y ahora han desaparecido.

La pobreza, siempre omnipresente, es la principal causa de este suceso en el que el riesgo por perder la propia vida no se valora. El único objetivo es conseguir un poco de la gasolina que se desparrama como un regalo por el suelo.

Gracias a la banca no estamos peor

Según Miguel Martín presidente de la Asociación Española de Banca (AEB) "Es la economía real la que pone en riesgo a la banca y si la economía no se hunde aun más es porque la banca es capaz de sostener la posición deudora (de España) en el mundo". Menos mal que nos ha abierto los ojos: sino estamos peor, es por los bancos. Dicen que están hartos de endeudarse dando préstamos. Y digo yo, ¿se le ha olvidado que los bancos están para recoger ahorro y dar préstamos? ¿qué esa es su principal misión y negocio? ¡Ah claro! que eso es sólo cuando las cosas van muy bien.

Alucino con lo envalentonados que están los bancos, parece que les debemos la vida. La culpa de la crisis no la tienen ellos, al revés, la situación no está peor porque ellos siguen estando ahí. Claro, como saben que los políticos les comen en la mano y que tienen el “poder del dinero”, se creen que todo el monte es orégano. Y es normal. El magnífico compromiso que les ha arrancado el ínclito Zapatero ayer Lunes en la reunión con los dirigentes de los principales bancos y cajas -con toda la firmeza y convicción de que es posible (como él mismo dijo el Domingo en Lugo)- es que potenciaran el acceso a las líneas de crédito del ICO mediante publicidad e información a través de sus bancos. Es decir, que van a prestar el dinero que no es suyo, sino del gobierno, de nosotros (pues el ICO es el único instrumento financiero estatal que queda, los demás bancos se privatizaron). O dicho de otro modo: el dinero que les hemos prestado todos los españoles, a través de ese inmoral e inútil rescate de 150.000 millones, se lo han quedado para sanear la situación como ha admitido el presidente de uno de los grandes bancos españoles. Si además queremos que presten dinero, lo harán con el que no es suyo. Creo que no se puede ser más claro, ni más cínico, ni más inmoral, ni más ¿ilegal? ¿No es para meterlos en la cárcel a todos?

¿Y a todos nosotros que seguimos teniendo nuestro poco o mucho dinero en estos bancos o cajas? ¿No es para encarcelarnos por estúpidos? ¿no les estamos dando la cuerda para que nos ahorquen? ¿Cuándo aprenderemos a renunciar a esta banca criminal e inmoral y trasladarnos a la banca ética ciudadana (FIARE; Coop 57, Oikocredit)?

Como siempre los poderosos tienen poder porque nosotros se lo damos o porque renunciamos a ejercer el nuestro. ¿Hasta cuando?

2 de febrero de 2009

Nada te turbe, Benedicto.

Dicen que el Papa está turbado por la negación del holocausto judío por parte del obispo tradicionalista Richard Williamson.

El citado obispo aseguró que "no existieron las cámaras de gas" y que sólo unos 300.000 judíos "y no seis millones" murieron en los campos de concentración nazis, "pero ninguno gaseado".

Lógicamente, esto ha molestado a mucha gente. También a la comunidad judía. El rabino David Rosen, presidente del Comité Internacional Judío de Cuestiones Interreligiosas dijo que la Iglesia quedaba "contaminada".

Por su parte, el turbado Papa reiteró su "plena e indiscutible solidaridad" con los judíos y condenó de nuevo "la matanza de millones de judíos, víctimas inocentes de un ciego odio racial y religioso". El Obispo de Roma también condenó el "revisionismo" sobre el holocausto.

Sin embargo, el Vaticano no ha condenado los salvajes ataques de Israel en Gaza, se ha limitado a hacer un llamado por la paz en Gaza. Entonces no se sintió turbado.

¿Qué turba a Benedicto? ¿El revisionismo o el enfado de los judíos, agravado por su pasado nazi?

Porque siempre hay malpensados que leen lo que uno no ha escrito, seamos contundentes: nosotros también condenamos el nazismo y las salvajadas cometidas con el pueblo judío y muchos otros pueblos durante la segunda guerra mundial.

Pero una salvajada borra otra salvajada. Hace más de 60 años del holocausto. Las imágenes de la masacre de Gaza hacen que la memoria colectiva coloque en pie de igualdad las imágenes de los holocaustos.

Quizá Israel se esté tirando piedras contra su propio tejado. Quizá esté logrando que olvidemos su holocausto. Quizá Israel, sin pretenderlo, está dando alas a las teorías revisionistas...

El poema de la imagen es de Santa Teresa de Jesús.

Las raíces de la guerra de Afganistán

Vicenç Navarro
Sistema Digital

El nuevo Presidente de EE.UU., el Sr. Barack Hussein Obama, ha indicado que una de sus intenciones es pedir a sus aliados de la NATO que aumenten su contribución a la guerra del Afganistán. De ahí la urgencia de que la población española esté informada sobre el origen de aquel conflicto. Por desgracia, la gran mayoría de los medios de información españoles han dado una versión sesgada de lo ocurrido en aquel país.

La primera vez que Afganistán apareció en los medios de información españoles fue en los años ochenta cuando tales medios se refirieron a la intervención de EE.UU. para parar la invasión de aquel país por parte de la Unión Soviética. Afganistán corría el peligro de transformarse en una colonia más del imperio soviético, lo cual fue impedido por la intervención estadounidense en apoyo a las fuerzas de liberación que luchaban en contra de un gobierno títere, satélite del existente en la Unión Soviética. Esta es la versión más generalizada de lo que ocurrió en Afganistán en la década de los años ochenta y después.

La segunda vez que Afganistán apareció en tales medios fue cuando, menos de un mes después del ataque a las Torres Gemelas de Nueva York el 11 de Septiembre de 2001, las fuerzas armadas de EE.UU. atacaron el régimen talibán existente en aquel país, provocando su caída y sustitución por un gobierno, nombrado en la práctica por el gobierno federal de EE.UU. Hasta aquí la versión oficial, reproducida en los medios de información y persuasión españoles. Tales versiones, sin embargo, (y muy en particular la primera) no se corresponden con la realidad. Y es de una enorme importancia y urgencia que se corrija tal versión, dando a conocer la historia real de aquellos hechos. Existen varios libros que han informado críticamente de la versión de los hechos promovida por los medios de persuasión e información dominantes en EE.UU. y Europa. Entre ellos destaca el informe Afganistán, Another Untold Story, de Michael Parenti, publicado en Znet.

¿QUÉ PASÓ EN AFGANISTÁN?

Afganistán, uno de los países más pobres del mundo, estuvo regido hasta la década de los años setenta por un sistema feudal en el que el 75% de la tierra era propiedad del 3% de la población rural. Era un sistema basado en una enorme explotación, causa de la enorme pobreza de su población. Pero donde hay explotación suele haber también resistencia. Y en los años sesenta las fuerzas opositoras a aquel régimen feudal (gobernado por una monarquía) establecieron el Partido Democrático Popular (PDP) que lideró la resistencia que forzó el derrocamiento de la Monarquía en 1973, siendo ésta sustituida por un gobierno que fue, además de ineficaz, corrupto, autocrático y poco popular. El PDP había tenido la fuerza para exigir la destitución y abdicación del Rey pero no había tenido la suficiente fuerza para cambiar el régimen. La insatisfacción con el régimen, sin embargo, alcanzó tal nivel que en el año 1978 hubo gran número de movilizaciones populares que forzaron la dimisión del gobierno. Y parte del Ejército no resistió tales movilizaciones. Antes al contrario, las apoyaron, estableciéndose así el primer gobierno popular dirigido por el PDP y liderado por un poeta y novelista nacional, Noor Mohammed Taraki, (el García Márquez de Afganistán). El PDP fue el partido gobernante que inició gran número de reformas incluyendo la legalización de los sindicatos, el establecimiento de un salario mínimo, una fiscalidad progresiva, una campaña de alfabetización, y reformas en las áreas sanitarias y de salud pública que facilitaron el acceso de la población a tales servicios. En las áreas rurales, facilitó el establecimiento de cooperativas agrícolas. Una reforma que también tuvo un enorme impacto fue la de favorecer la liberación de la mujer, abriendo la educación pública a las niñas además de a los niños, y facilitando la integración de la mujer al mercado de trabajo y a la universidad. Como escribió el diario San francisco Chronicle (17 de Noviembre de 2001) “bajo el gobierno PDP, las mujeres estudiaron agricultura, ingeniería y comercio en la Universidad. Algunas mujeres tuvieron puestos en el gobierno y siete de ellas fueron elegidas al Parlamento. Las mujeres conducían coches, viajaban libremente y constituían el 57% de los estudiantes universitarios”. El profesor John Ryan de la Universidad de Winnipeg, experto en economía agrícola y conocedor de Afganistán ha indicado que la reforma agraria iniciada por aquel gobierno tuvo un enorme impacto en el bienestar de las poblaciones rurales. Tal gobierno eliminó también el cultivo del opio (Afganistán producía el 70% del opio consumido para la producción de heroína).

Ahora bien, tales reformas generaron unas enormes resistencias por parte de aquellos grupos cuyos intereses estaban siendo afectados negativamente. Entre ellos, tres grupos dirigieron la oposición. Uno fueron los terratenientes propietarios de grandes explotaciones agrícolas; el otro fueron los líderes religiosos, que se opusieron por todos los medios a que las mujeres se emanciparan; y un tercer grupo fueron los traficantes de opio. En ayuda de tales grupos vinieron Arabia Saudí, el estado fundamentalista que aporta ayuda a los fundamentalistas islámicos; el Ejército del Pakistán, temeroso que las reformas afganas contaminaran a las clases populares del propio Pakistán y, como no, el gobierno federal de los Estados Unidos.

¿POR QUÉ EL GOBIERNO FEDERAL DE EEUU?

Hay que subrayar que incluso la CIA, la agencia de espionaje del gobierno federal de EE.UU. había reconocido el carácter popular y autónomo del PDP y nunca (durante el periodo que tal fuerza política batalló en contra del régimen feudal) se refirió al PDP como “agente de Moscú”. Era plenamente consciente que tal fuerza política respondía a una demanda propia que tenía su propia independencia y autonomía. A pesar de ello, y antes de que la Unión Soviética interviniera en Afganistán, el gobierno federal de EE.UU. estaba financiando las fuerzas extremistas y fundamentalistas afganas que estaban intentando sabotear las reformas que el gobierno PDP (incluyendo las escuelas públicas en las zonas rurales que educaban a las niñas). El señor Brzezinski, del Consejo Nacional de Seguridad del Presidente Carter, ha admitido que el gobierno estadounidense financió a las guerrillas extremistas que realizaron tales actos de sabotaje, quemando, por ejemplo, las escuelas públicas. Es más, el gobierno federal de EE.UU. alentó un golpe miliar en contra del gobierno PDP que tuvo lugar brevemente en 1979 y que asesinó a Tarak y a miles de dirigente del PDP antes de que militares próximos al PDP retomaran el poder.

La hostilidad del gobierno federal de EE.UU. hacia las reformas del gobierno PDP se basaba, en parte, en la oposición del gobierno de EE.UU. hacia la nacionalización de la tierra y otras intervenciones que entraban en conflicto con el ideario del gobierno federal estadounidense, reformas que, además, contaban con el asesoramiento de técnicos procedentes de la Unión Soviética. El gobierno de EE.UU. estaba preocupado por la posible expansión de la influencia soviética. Detrás de tal apoyo había un anticomunismo fundamentalista, reflejado en la figura de Brzezinski (un polaco anticomunista fundamentalista), que consideraba que el objetivo fundamental de la política exterior de EE.UU. debiera ser eliminar la influencia de la Unión Soviética en el mundo, a costa de lo que fuera, incluyendo a costa de apoyar algunas de las fuerzas más retrógradas y reaccionarias existentes en el mundo, como eran los fundamentalistas musulmanes afganos.

La alianza de EE.UU., Arabia Saudí y Pakistán era enormemente poderosa y amenazaban la continuidad del gobierno del PDP. De ahí que el gobierno pidiera ayuda a la Unión Soviética, ayuda que fue rechazada en varias ocasiones, hasta que por fin, el gobierno de la URSS aceptó enviar fuerzas armadas en ayuda del Ejército Afgano (leal al PDP) que estaba en contra de las guerrillas fundamentalistas de Mojahidden (Islamic guerrilla fighters) apoyadas por EE.UU., Arabia Saudí y Pakistán.

LA ENTRADA DEL EJÉRCITO SOVIÉTICO EN AFGANISTÁN

Por fin, en 1979, el gobierno de la Unión Soviética aceptó la petición del gobierno PDP de enviar tropas en ayuda del ejército en contra de aquella movilización de fuerzas internacionales que estaban cuestionando su estabilidad y viabilidad. En parte esto era también lo que deseaba el gobierno federal de EE.UU. pues inmediatamente se tomó tal invasión como excusa para movilizar el mundo musulmán en contra del apoyo de la URSS a un gobierno lacio, progresista y deseoso de modernizar el país. EE.UU. y Arabia Saudí, las fuentes de la reacción, gastaron 40 billones de dólares en apoyo de los Mojahidden, a los cuales se unieron 100.000 musulmanes fundamentalistas procedentes del Pakistán, Arabia Saudí (incluido Bin Laden), Irán y Argelia, armados y asesorados por la CIA.

Diez años más tarde las tropas soviéticas abandonaron Afganistán. La guerra, sin embargo, continuó tres años, período en el que el gobierno PDP continuó siendo popular, y ello a pesar de los enormes destrozos de la infraestructura del país, resultado de la gran hostilidad de la alianza reaccionaria. Incluso después del colapso de la URSS, el gobierno continuó gobernando un año más, a pesar de no recibir armas que pudiera utilizar para defenderse de las fuerzas extremistas apoyadas por los gobiernos de EE.UU., Arabia Saudí y Pakistán. Una vez más, tal como ocurrió en la República Española, la falta de armas fue la causa de que la oposición venciera aquel conflicto, iniciándose un gobierno de los Mujahidden que iniciaron una enorme represión, pillaje, con ejecuciones en masa, cerrando las escuelas públicas, oprimiendo a las mujeres en campañas de violación sistemática, destruyendo las zonas urbanas. En un informe de Amnistía Internacional del 2001 esta acusó a los Mujahidden de “violar sistemáticamente a las mujeres como manera de aterrorizar a las mujeres y a la población, y como recompensa a las tropas”. El gobierno inició de nuevo el comercio del opio, con la ayuda de los servicios de inteligencia paquistaníes y de la CIA (que trabajaron conjuntamente, en apoyo de los mujahidden) convirtiendo Afganistán en el mayor productor de heroína del mundo. Varias de las fuerzas militares Mujahidden dejaron Afganistán y fueron a luchar a Algeria, Chechenia, Kosovo y Cachemira iniciándose así la red terrorista en defensa del fundamentalismo musulmán.

Una fracción de los Mujahidden fueron los talibanes, el grupo más fundamentalista de tal alianza, que por su fanatismo, disciplina y crueldad se impusieron acabando con gobernar amplias zonas del país y por último tomaron el poder. Prohibieron la música, las escuelas, la educación lacia, las bibliotecas y cualquier síntoma de modernización. Establecieron orden, ejecutando a todos aquellos que creaban desorden desde oponentes políticos a ladrones comunes. Impusieron las Burkas como vestimenta a las mujeres y prohibieron a los hombres que se afeitaran. Mujeres fueron privadas de derechos, incluido el de educarse, y aquellas que fueron consideradas inmorales eran apedreadas y quemadas vivas. Por otra parte terminaron las violaciones de las mujeres por los Mujahidden y también la producción de opio. Este gobierno talibán contó con el apoyo del gobierno federal del Presidente Clinton. Según Ted Rall (“it is about oil”. San Francisco Chronicle. Nov.2, 2001), el gobierno de EE.UU. pagó hasta el año 1999 el salario de los funcionarios talibanes y no fue hasta el año 2001, cuando a raíz del ataque a las torres gemelas, que el presidente Bush -a fin de movilizar el apoyo de la población estadounidense al bombardeo de Afganistán- denunció el tratamiento de las mujeres en Afganistán. Más tarde, incluso la señora Laura Bush se convirtió en feminista y denunció tales abusos. El 11 de Septiembre significó el fin de la alianza talibán-U.S. y la caída del gobierno talibán sustituido en Diciembre 2001 por otra facción pro-US de los Mujahidden que inició la lucha contra los talibán. La producción de opio apareció de nuevo.

Una pregunta que exige respuesta es ¿cómo podía EE.UU. apoyar al gobierno talibán, sabiendo de su apoyo a Bin Laden y al grupo de terroristas (que había sido financiado en su origen por EE.UU.)? ¿Cómo es que el gobierno talibán nunca había sido declarado “un gobierno que apoyaba el terrorismo”? Una de las razones es que de haber hecho esto hubiera significado que las compañías pretolíficas estadounidenses no pudieran haber firmado un acuerdo con el gobierno talibán para construir un oleoducto que permitiera el transporte del petróleo de Kazajstán y Turkmenistán al Océano Índico. En realidad, el apoyo hubiera continuado de no haber ocurrido el 11 de Septiembre. Y desde entonces la historia es bien conocida.

En todo este proceso, se ha olvidado de que si se hubiera permitido que el gobierno PDP hubiera hecho las reformas que el país necesitaba, no habría habido “invasión” soviética de Afganistán, no habría habido guerra de Afganistán, no hubiera habido Bin Laden y Al Quaeda y no hubiera habido un 11 de Septiembre. Y es esta precisamente la verdad que se oculta. La historia habría seguido otros derroteros. Probablemente habría surgido Al Quaeda, pero el lugar y el formato habrían sido diferentes. En el fondo del conflicto está la resistencia del gobierno federal de EE.UU. (y sus aliados y muy en especial Arabia Saudí), y su oposición a las reformas progresistas y laicas. Ni que decir tiene que existen otras causas de la existencia del terrorismo islámico. Pero esta resistencia hacia las reformas necesarias y urgentes lideradas por grupos laicos y progresistas es una de las causas más importantes. La oposición a la enorme explotación que existe en el mundo musulmán se ha canalizado a través de fuerzas enormemente reaccionarias en las que el fundamentalismo religioso se ha promovido para parar las movilizaciones populares laicas que habrían reducido y eliminado tal explotación.

1 de febrero de 2009

El indigenismo de Evo Morales

Ángeles Caso
Público

Estuve en Bolivia hace ya unos cuantos años. Me fascinó ese país extraño y hermoso, desde las cimas lunares del altiplano hasta los amazónicos paisajes de Santa Cruz. Pero me sorprendió inmensamente su realidad social: una enorme y miserable población de indígenas –la mayor parte de ellos aimaras–, apenas hispanohablantes, y sometidos al poder político y económico de una pequeña minoría criolla, de origen español y piel muy blanca o, como mucho, levemente manchada por antiguos mestizajes. Una población indígena de alrededor del 80%, muy superior a la de cualquier otro país latinoamericano, tal vez porque las duras condiciones de vida en las cimas andinas haya preservado a sus habitantes originales de la presencia masiva de los europeos y evitado su desaparición.

Ahora Bolivia aprueba una nueva Constitución que intenta equilibrar esa injusta situación arraigada desde hace siglos. Un marco legal que trata de garantizar el respeto a la menospreciada cultura de la mayoría indígena, de otorgarle una representatividad política e institucional que se corresponda con su verdadera presencia en el país. Lo que Evo Morales está haciendo silenciosamente –aunque no libre de una virulenta oposición– es una auténtica revolución. No dudo de que haya cometido errores. Y probablemente los seguirá cometiendo. Pero la suya es la auténtica lucha de los pobres contra los ricos, el levantamiento pacífico de aquellos que siempre han vivido sometidos y silenciados contra la pequeña minoría de privilegiados que han detentado el poder y han pisoteado impunemente durante muchas generaciones los derechos de las pobres gentes miserables, despreciando su dignidad. Sí, el tan discutido indigenismo de Morales no es más que una cuestión de justicia. Al fin.

Rebelion

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