7 de agosto de 2008

La prensa española y sus vergüenzas

Carlos Fernández Liria
Público

“Un poco fuerte lo que está usted diciendo, ¿no?”, me interrumpió la presentadora de la Cadena Ser poco antes de invitarme a terminar de una vez y expulsarme del programa. Al contrario, muchos comentarios de Internet se muestran perplejos ante tan agria reacción, pues lo que se estaba mencionando no era nada del otro mundo: el apoyo de los medios de comunicación venezolanos y españoles al golpe de Estado contra Chávez en abril de 2002.

Se trataba de un debate (25/07/2008) con William Cárdenas, presidente de una organización que quiere llevar a Hugo Chávez ante la Corte Penal Internacional. Es asombroso. La Cadena Ser, en representación al parecer del pueblo venezolano, invita a un señor que, seis años después de los hechos, sigue repitiendo por radio y televisión que Chávez ordenó disparar contra una indefensa manifestación opositora, provocando una matanza, y que eso fue lo que originó su derrocamiento.

Esta fue, en efecto, la noticia que en su momento airearon a los cuatro vientos los periódicos venezolanos y también los españoles, incluido, desde luego, El País. Lo sorprendente es que, seis años después, en la Ser se siga aceptando esa versión sin rechistar, y que, en cambio, se ponga el grito en el cielo al escuchar la cruda realidad: que esa versión de los hechos fue la coartada principal para dar un golpe de Estado contra el Gobierno constitucional de Chávez, y que, desde el principio, se contaba con la colaboración de los medios para propagarla. No hay más que recordar las palabras del vicealmirante golpista Ramírez Pérez, el propio día 11 de abril: “Tuvimos un arma fundamental: los medios de comunicación. ¡Gracias!”.

Por supuesto, si el golpe de 2002 hubiera triunfado –provocando un río de sangre que sin duda todavía seguiría corriendo a día de hoy–, los medios habrían podido oficializar esa versión sin problemas. El apoyo de la prensa española al pinochetazo contra Chávez fue bochornoso y también la forma en la que esgrimieron su coartada. El editorial del 13 de abril de 2002 de El País aseguraba que “la gota que había colmado el vaso” fue “la represión protagonizada por la policía y francotiradores adictos a Chávez”. El día 14 se afirmaba que “los tiroteos de grupos chavistas causaron hasta 24 muertos” y se hablaba de “mártires de la democracia muertos a balazos por manifestarse en la calle contra el ex presidente Hugo Chávez”. El día 13, un titular de El País se refería al presidente golpista Pedro Carmona como “El hombre tranquilo” (“Nacido para el diálogo”, lo consideraba El Mundo), y lo erigía (¡en tanto que jefe de la Patronal!) en “representante de casi el 80% de los 10 millones de trabajadores venezolanos”. A los manifestantes que pidieron la restitución del orden constitucional se les denominó “muchedumbre desquiciada”, mientras que a los que asaltaron la embajada de Cuba y agredieron a los diputados se les llamó “resistencia civil”. A los militares que se mantuvieron leales al orden constitucional, El País del día 14 los llamó “focos aislados de insurrección castrense”. El editorial del día 13 instaba a la Unión Europea a contribuir a “un régimen democrático normal y estable en Venezuela” (¡aprovechando el golpe de Estado!), y se pedía que Chávez diera “cuenta de sus desmanes ante los tribunales”.

Como es sabido, centenares de miles de personas que salieron a la calle en defensa de la Constitución, lograron –contra todas las previsiones– abortar el golpe de Estado. Los medios venezolanos siguieron mintiendo y llamando al magnicidio como si tal cosa (en ningún país del mundo ha habido jamás tanta libertad de expresión como en Venezuela); para los medios de comunicación españoles, sin embargo, la situación era muy delicada, pues habían apoyado abiertamente un golpe de Estado y no iba a ser fácil disimularlo.

La decisión fue seguir mintiendo y, a día de hoy, siguen haciéndolo. Ahora bien, sólo un activista como William Cárdenas tiene ya la osadía de seguir con el cuento de la masacre. Eso sí, resulta insólito que la Ser se lo trague como si nada, a estas alturas, al tiempo que se escandaliza porque se cuente lo que ya nadie puede honestamente poner en duda. La mayor parte de los muertos fueron chavistas. Los francotiradores y la policía metropolitana que dispararon contra la población estaban a las órdenes del alcalde Alfredo Peña, el máximo opositor de Chávez en aquel momento. La matanza había sido planeada por los golpistas. Se trataba de utilizar a la población civil para que “pusiera los cadáveres necesarios sobre la mesa”, tal y como decía el telegrama que el embajador español envió al Gobierno de Aznar ese mismo día (y que Moratinos –se recordará– leyó en el Congreso). La prueba fundamental de la matanza, el vídeo que se utilizó para jalear el golpe de Estado, en el que se veía a unos chavistas disparando contra la “manifestación indefensa”, estaba trucado. Así lo reconoció su mismísimo autor, Luis Alfonso Fernández, que, por cierto, había sido ya galardonado con el Premio Periodismo Rey de España. Durante el juicio contra los chavistas (que resultaron absueltos) reconoció que estos jamás dispararon contra ninguna manifestación, sino contra la policía metropolitana que los estaba cosiendo a balazos. Y reconoció que la voz en off que gritaba que estaban disparando contra la manifestación había sido superpuesta en los estudios de Venevisión (el canal del Grupo Cisneros, que mantiene intereses compartidos con Prisa en América Latina).

No habría hecho falta esperar tanto para saber la verdad: pocos días después de los acontecimientos, Le Monde Diplomatique había ya demostrado que todo era una burda patraña. Pero seguir mintiendo seis años después es grotesco. ¡Basta ya! Lean el Latinobarómetro de 2008. Es la encuesta independiente más prestigiosa sobre temas latinoamericanos. Venezuela saca 22 puntos en grado de confianza en la democracia a la medida de Latinoamérica; 16 puntos en confianza en los partidos políticos; 31 puntos en satisfacción con la situación económica. Que comenten estos datos y dejen de mentir.

Carlos Fernández Liria es profesor titular de Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid


P.D.: Se puede escuchar el debate en la SER pinchando en este enlace.

6 de agosto de 2008

Teólogos, no inquisidores

Benjamín Forcano
Redes Cristianas

Un teólogo, José Antonio Pagola, escribe el libro JESÚS, Aproximación histórica. En unos meses, la venta sobrepasa los 50.000 ejemplares. Las bases, los lectores de toda condición, lo buscan y leen con fruición. El boca a boca de ellos le ha dado publicidad. Llega la alarma: "Hay doctrinas no compatibles con la doctrina de la Iglesia" (Comisión Episcopal para la Doctrina de la Doctrina de la fe).

Entre los especialistas de uno u otro campo, nadie se atreve a encomiar o descalificar a un compañero que no sea por fuerza de argumentos. Se parte de una recíproca preparación y competencia, que confiere a todos autoridad para valorar. Y ese intercambio dialogal de experiencias, pruebas y razones es el que actúa de ariete o de freno en el progreso. Es la "censura". Otro tipo de censura malograría la evolución del saber.

En el campo de la teología debiera ocurrir algo parecido. No hay nadie que, por ocupar un cargo, pueda excusarse de reconocer si sabe o no del tema que se trata. Si no sabe, lo adecuado es callarse, escuchar a los que saben y aprender.

Pero, no parece imperar aquí esta norma. En el campo teológico, la razón parece tenerla quien, de antemano, es elegido por la autoridad para preservar la verdad. Es cierto que la autoridad no da al "perito" más saber que el que él haya podido adquirir por sus estudios, al igual que todos los demás. Pero, juega con una ventaja: en la cuestión debatida, será él y no el contrincante, quien aporte la recta interpretación. Hay un apriori envenenado: para el poder, un autor cuestionado es sospechoso o hereje y nunca podrá prevalecer contra quien lo examina o censura.

Recuerdo que una vez, estando en Roma, le pregunté a una autoridad que tenía que ver con todo esto: "Cuando se examina la doctrina de un autor, ¿los examinadores son elegidos para cada caso, o actúan siempre los mismos por oficio?". – Actúan los elegidos por oficio. Pero le advierto una cosa: son pocos y malos.

En el siglo XIII, Santo Tomás de Aquino fue acusado y querían condenarle Robert Kilwardby y Esteban Templer, ambos obispos. Contra ellos, escribió Gil de Roma (1277) , filósofo y teólogo agustino:

"Hay gentes que la gozan denunciando las opiniones de sus colegas teólogos, cuando estos clarifican nuestra fe y dan luz a la Iglesia. Y esta precipitación suya no deja de hacer daño a la fe: el trabajo de los teólogos, gracias al cual avanzamos por los caminos de la verdad, lo que necesita son correctores amables y libres y no detractores dedicados a envenenar. ¡Que se callen, pues, estos censores! Si quieren sostener una opinión contraria, son libres de hacerlo, pero que no juzguen erróneas las opiniones de los otros".

Sobre esta clase de teólogos, en su "Elogio de la locura" (Cap. LIII), escribe Erasmo:

"Quizá sería mejor pasar en silencio por los teólogos y no remover esta ciénaga ni tocar esta hierba pestilente, no sea que, como gente tan sumamente severa e iracunda, caigan en turba sobre mí con mil conclusiones forzándome a una retractación y, caso de que no accediese, me declaren enseguida hereje. Con este rayo suelen confundir a todo el que no se les somete".

Cualquier teólogo sabe que la vigilancia por la pureza e integridad de la fe es una necesidad y un servicio que debe asegurar la Iglesia. Pero no está predeterminado para siempre el modo cómo hay que ejercer ese servicio. Y la historia nos demuestra que el modo con que se viene ejerciendo ha sido más bien despótico y arbitrario, pues el discernimiento cae de antemano en quien habla en nombre del poder y no en quien habla en nombre de la realidad captada por la luz de los argumentos.

"Siempre ha sido así en el Santo Oficio", me decía un obispo. "¿Y no podrá dejar de ser así algún día?", le repuse.

"Tengo para mí, vuelvo a Erasmo, que los Apóstoles precisarían una nueva venida del espíritu Santo si tuvieran que habérselas con los teólogos de hoy" (Idem, LIII).

Estoy escribiendo esto a propósito de la Nota de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe sobre el libro de José Antonio Pagola : JESÚS, Aproximación histórica (PPC, Madrid, 2007, 544 pp.).

La Nota alude a lectores "preocupados y confundidos por planteamientos y conclusiones no siempre compatibles con la imagen de Jesús que presenta la Iglesia". Repare el lector que la comisión doctrinal, o su cabeza pensante, no duda en presentarse como la Iglesia, representarla en exclusiva y con poder para decidir lo que es o no compatible con ella: "Nos sentimos obligados a ayudar a hacer un juicio del libro conforme a la doctrina de la Iglesia".

Los componentes de la Comisión Doctrinal son como una veintena. Sería muy indicativo saber cuántos de ellos tienen carrera exegética y teológica, sus títulos, su quehacer de profesor en tales materias, sus investigaciones y publicaciones y, sobre todo, si han leído el libro de Pagola, el tiempo y reflexión que le han dedicado y las aportaciones que cada uno ha hecho.

Sea como sea, un grupo de veintisiete biblistas y teólogos, ha hecho público un escrito en que DENUCIAN lo erróneo e inapropiado de las deficiencias metodológicas y doctrinales que la Comisión Doctrinal Episcopal imputa al autor. La Nota , según estos teólogos:

- Ignora los criterios metodológicos del autor, que no son sino los de la Pontificia Comisión Bíblica.

- No cita para nada (por ignorancia, omisión u olvido) el único documento que Roma recomienda para este tipo de investigación y que Pagola sigue fielmente.

- Ignora los métodos histórico-críticos y científicos, indispensables según Roma y el Papa Benedicto XVI, para este tipo de trabajo.

- Todo esto hace que la Comisión se mueva en el terreno peligroso de una lectura fundamentalista de la Escritura, que desnaturaliza su significado.

- Erróneamente afirma que no se puede hacer un estudio del Jesús histórico sin que vaya acompañado de la fe; es un error negar la continuidad entre el Jesús histórico y el Jesús de la fe.

- La Nota ignora la aportación singular, hecha por Pagola, de subrayar la continuidad y clarificación entre el Jesús histórico y el Cristo de la fe.

- Es un error afirmar que Pagola, en su estudio, prescinde de la fe. El exegeta católico debe investigar, cuando se empeña en reconstruir la figura de Jesús, con métodos puramente científicos, lo que no equivale en modo alguno a negar la fe. Esto es así si se quieren seguir las pautas de la postura oficial de Roma, del Papa actual y de los criterios actuales de la exégesis católica.

- Es falso decir que Pagola atribuye un mismo valor a los libros Apócrifos que a los Canónicos. Una simple lectura lo desmiente. Cuando Pagola recurre a los libros Apócrifos lo hace para reafirmar lo señalado por los libros Canónicos.

- La actitud "de desconfianza" frente al dato evangélico, de la que se la acusa a Pagola, es simplemente la actitud cauta y responsable de cualquier investigador que quiera proceder con métodos científicos.

- La Nota hace una lectura ligera y arbitraria, propia de una ignorancia supina, cuando le atribuye negar el valor histórico de los milagros. Los resultados actuales de la exégesis católica dice que hay milagros que pueden tener cierta historicidad y otros que han podido ser creados por la Iglesia primitiva.

- Afirmar que el libro de Pagola está inspirado en un análisis marxista de la lucha de clases, es un análisis torpe y simplista. Los autores de la Nota ignoran los criterios metodológicos, propios de todo investigador moderno: análisis sociológico, análisis antropológico cultural, raíces del poder y control social, ideología familiar, etc.

- El libro de Pagola tiene un carácter histórico, que la Nota podría haber explicado, para que el libro pudiera ser leído mejor por los cristianos. No lo hace, y sí acusa al autor de deficiencias doctrinales no existentes y que, obviamente, nada tienen que ver con el carácter del libro.

Por tanto, "Estamos convencidos de que no cabe confundir esa pureza con nuestra pereza intelectual, ni la integridad con un integrismo que excluye toda pluralidad. Creer que la asistencia del Espíritu Santo puede conseguirse a base de ignorancia y cerrazón sería una especie de "monofisismo eclesiológico" que revelaría un mofisismo cristológico heterodoxo .

Sin juzgar la intención de sus autores, la Nota de la Comisión Episcopal transpira más ganas de agredir a una persona que defender una verdad. (El agradecimiento que Benedicto XVI muestra) "a la exégesis contemporánea , debiera mostrarla también la Nota de la Comisión Episcopal a Pagola por habernos aportado en su libro lo mejor de la investigación sociológica y de la antropología contemporánea, permitiendo a sus lectores aproximarse a Jesús con esa "vivacidad y profundidad" de que habla el Papa".

5 de agosto de 2008

Lo más importante para el PSOE

Es muy triste ver como el PSOE y su gobierno basan los próximos años en políticas “sociales” que afectan a la inmensa minoría de la población e interesan todavía a menos personas: laicidad, aborto, eutanasia. Así ha concluyó hace algunas semanas su congreso. Son temas muy vistosos: una cortina de humo para tapar que no se tienen ideas o que no son capaces de llevar a la práctica políticas de izquierda de verdad.

Yo, iluso de mí, creía que la izquierda se caracterizaba por buscar siempre mayores cotas de justicia social y por tanto se centraba en: reducir paro, luchar contra las causas de la inmigración que no contra los inmigrantes, reducir los 8 millones de pobres que hay en España (1 millón en pobreza severa), en reducir la precariedad laboral (es decir, siniestralidad laboral), perseguir a las redes de prostitución y narcotráfico… por nombrar solo algunas.

¿De verdad que no se puede avanzar en estos terrenos aún en tiempos de crisis? Creo sinceramente que si y que muchos ciudadanos lo apoyarían. Bastaría reducir significativamente el programa de desarrollo e investigación militar camuflada muchas veces bajo I+D. Se quita dinero para matar y se invierte en que muchos puedan vivir más dignamente. Por ejemplo.

4 de agosto de 2008

Más muertos en pateras

El 25 de julio pasado apareció un cayuco en Tenerife con noventa inmigrantes africanos, uno ya cadáver (por hipotermia, por la que tuvieron que hospitalizar al resto) y, al menos, nueve menores de edad: niños. Niños muertos de hambre, niños muertos de frío.

Y no es la primera vez en este mes: el 11 de Julio apareció otra patera con cuatro muertos (literalmente). Y el drama humano continúa.

Y es que el hambre no sabe de frío, ni de océanos ni mares, ni de arriesgar la vida. De todas maneras, en su país les esperaba la misma muerte pero más lenta, con alevosía (dicen los médicos que morir de hambre es de lo más doloroso que existe físicamente). Pero, como digo, esta tragedia está lejos de acabar. Y mientras el neoliberalismo siga fabricando empobrecidos en serie, este dolor va para largo.

Allí no hablan (ni se quejan) de la crisis, ni discuten si su drama es "crisis o desaceleración", ni lloran por la subida de los tipos de interés, ni mucho menos, se preocupan de si un terrorista hace o no huelga de hambre. Porque la de ellos es una "huelga" permanente y eterna, porque su hambre no es una "reivindicación": es la condena a que los somete este Occidente postmoderno y satisfecho.

Mientras, nuestros gobernantes seguirán gastando nuestro dinero (y el de ellos) en cumbres internacionales en la que, para hablar del hambre, celebran comidas de diecinueve platos. Y seguirán utilizando a los pobres para adornar sus agendas políticas. ¿Y aquí nadie grita?, ¿nadie llora?, ¿nadie alza la voz diciendo "basta"? No; aquí les seguiremos votando.

Espero ansiosamente que se cree otra plataforma "Basta ya", pero contra el terrorismo del hambre.

1 de agosto de 2008

Segundo atentado de un civil israelí

Así podría llamarse también la noticia que se ha podido leer esta semana en varios periódicos. Resumiendo, es la segunda vez que un palestino se sube a bulldozer con el que trabaja y arrasa con todo lo que se le interpone: coches, paradas, peatones… En ambas ocasiones un civil armado, después de pararlo, lo ejecuta en el acto.

No hay que insistir en que los actos de ambos palestinos pueden considerarse terrorismo pues nada justifica querer matar a otra persona (ni incluso la exterminación que está sufriendo el pueblo palestino). Por ello mismo resulta tan escandaloso a mis ojos la ejecución de esa persona desarmada y previamente neutralizada. Es una ejecución sin juicio previo que atenta contra toda idea básica de respeto a los derechos humanos.

Bárbaro el palestino que mata o intenta matar, bárbaro el israelí que ejecuta e impone la ley del talión sin más. Bárbaros los medios de comunicación que usan un doble lenguaje: lo que hacen los palestinos es terrorismo, lo que hacen los civiles o militares no.

No es nuevo, pero no deja de sorprender a cualquier persona medianamente sensible ese trato tan desigual y preferente por un estado, Israel, que se caracteriza por reírse de los derechos humanos y que no cumple ninguna de las múltiples resoluciones en su contra del consejo de seguridad de la ONU.

Rebelion

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