15 de enero de 2008

Principio Tierra

Leonardo Boff
Konionia

Nunca se había hablado tanto de la Tierra como en los últimos tiempos. Hasta parecería que la Tierra acabara de ser descubierta. Los seres humanos han hecho un sinnúmero de descubrimientos, pueblos indígenas escondidos en las selvas remotas, seres nuevos de la naturaleza, tierras distantes y continentes enteros. Pero la Tierra nunca fue objeto de descubrimiento. Fue necesario que saliésemos de ella y la viésemos desde fuera para descubrirla como Tierra y Casa Común.

Eso ocurrió a partir de los años 60 con los viajes espaciales. Los astronautas nos revelaron imágenes antes nunca vistas. Usaron expresiones conmovedoras como «la Tierra parece un árbol de navidad colgado en el fondo azul del universo», «es bellísima, resplandeciente, azul y blanca», «cabe en la palma de mi mano y puedo taparla con mi pulgar». Otros tuvieron sentimientos de veneración y de gratitud y rezaron. Todos regresaron con un renovado amor por la buena y vieja Tierra, nuestra Madre.

Esta imagen del globo terrestre visto desde el espacio exterior, divulgada diariamente por las televisiones del mundo entero, suscita en nosotros un sentimiento de sacralidad y está creando un nuevo estado de conciencia. En la perspectiva de los astronautas, desde del cosmos, Tierra y Humanidad forman una única entidad. Nosotros no vivimos solamente sobre la Tierra. Somos la propia Tierra que siente, piensa, ama, sueña, venera y cuida.

Pero en los últimos tiempos se han anunciado graves amenazas que pesan sobre la totalidad de nuestra Tierra. Los datos publicados el 2 de febrero que culminaron el día 17 de noviembre de 2007, por el organismo de la ONU, el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, junto con los impasses recientes de Bali nos indican que ya entramos en la fase del calentamiento global con cambios abruptos e irreversibles. El calentamiento puede variar de 1,4 a 6 grados centígrados dependiendo de las regiones terrestres. Los cambios climáticos son de origen antrópico, es decir, su principal causante es el ser humano que ha dado vida a un proceso industrial salvaje.

Si no se hace nada, iremos al encuentro de lo peor y millones de seres humanos podrán dejar de existir sobre el planeta.

Como hemos destruido irresponsablemente, ahora debemos regenerar urgentemente. La salvación de la Tierra no caerá del cielo. Será fruto de la nueva corresponsabilidad y del renovado cuidado de toda la familia humana.

Dada esta situación nueva, la Tierra se ha vuelto, de hecho, el oscuro y gran objeto del cuidado y del amor humano. No es el centro físico del universo como pensaban los antiguos, pero se ha vuelto en los últimos tiempos el centro afectivo de la humanidad. Sólo tenemos este planeta para nosotros. Desde aquí contemplamos todo el universo. Aquí trabajamos, amamos, lloramos, esperamos, soñamos y veneramos. A partir de la Tierra hacemos la gran travesía rumbo al más allá.

Lentamente estamos descubriendo que el valor supremo es asegurar la pervivencia del planeta Tierra y garantizar las condiciones ecológicas y espirituales para que la especie humana se realice y toda la comunidad de vida se perpetúe.

En razón de esta nueva conciencia hablamos del principio-Tierra. Es el fundamento de una nueva radicalidad. Cada saber, cada institución, cada religión y cada persona debe plantearse esta pregunta: ¿Qué hago yo para preservar la matria común y garantizar que tenga futuro dado que viene siendo construida desde hace 4.300 millones de años y merece seguir existiendo?

Porque somos Tierra no habrá para nosotros cielo sin Tierra.

Visto en Rebelión

SGAE, Wyoming y David Bravo

Muy valientemente, el pasado 8 de enero publicó El Gran Wyoming en su blog un artículo titulado Defender el canon: un suicidio social. Gran razón llevaba este ser humano con memoria pues su artículo, que defendía el canon, ha recibido ya 305 comentarios. Prácticamente todos en contra de su opinión.

Como Wyoming es grande y valiente, volvió a la carga tres días después con un segundo artículo: Defender el canón (2). Con un par, nunca mejor dicho. En este segundo artículo expone que sus motivaciones no son económicas como algún lector insinúa -"yo también esperaba más de mis queridos lectores", se queja con amargura-, pues la cantidad que recibe de la SGAE es mínima (30€ el último semestre). Además de esto, El Gran Wyoming defiende que se demoniza a la SGAE y explica por qué esto le parece injusto.

A este último artículo David Bravo contesta el mismo día 11 de enero dando 10 razones por las que considera que la SGAE tiene mala prensa entre sus ciudadanos: Criminaliza a un gran sector de la sociedad, da cursos a policías, es la mayor defensora del canon por copia privada, cobra en conciertos y obras de teatro benéficas, defiende un modelo restrictivo de propiedad intelectual, defiende un modelo de producción cultural que sólo beneficia a los de siempre, en SGAE existe el voto censitario, ha dado un trato de favor a las grandes discográficas, considera una amenaza lo que para la mayoría son derechos elementales y carece absolutamente de autocrítica.

Insisto en alabar la valentía de Wyoming y quiero decir que no esperaba menos de él: que nos dijera sus verdades a la cara aunque, efectivamente, no estemos de acuerdo con ellas la mayoría de sus lectores. Gracias por hacernos pensar a diario.

14 de enero de 2008

Paradojas: Policía Recaudadora

Ayer decidimos contratar a una mujer inmigrante como empleada del hogar. Habíamos pensado pagarle más de lo que marca la ley (pues esto es irrisorio e injusto). Quedé con ella, por teléfono, en recogerla donde ella me dijo (una zona de la ciudad de Sevilla). La pobre mujer, al no conocer mucho aún esta ciudad, se equivocó y me nombró un lugar incorrecto. Llegué al que me había indicado. No la vi allí. De modo que dejé el coche, literalmente un minuto, aparcado con las luces de emergencia, a la derecha de una avenida por la que apenas pasaban entonces unos cuantos coches (no había tráfico en este sábado por la mañana). Tardé, como digo, poco más de medio minuto en mirar en todas direcciones sin verla y, cuando llego al coche (a tres metros de donde me encontraba), un policía que "había salido de la nada", estaba de pie junto a éste.

Lo saludé con normalidad, entré en el coche y le dije "agente: ya me iba, he parado un minuto para recoger a una señora que no está aquí". Me dijo que de eso nada, que me bajara del coche, le enseñase mi carnet de conducir y, sin más, me puso una multa de 120 euros por "aparacamiento indebido obstaculizando el paso a otros vehículos", cosa objetivamente falsa. Luego mintió en el papel que, naturalmente, no firmé; jamás firmaría una mentira ni una injusticia.

Intenté explicarle lo que había pasado y él, con esa actitud chulesca que tienen algunos policías en esta ciudad cuando van protegidos por su uniforme, me respondió de muy mala manera. No le entré al trapo; hace pocos meses, otro policía le dio, literalmente, una paliza a un amigo mío (que está grabada en móvil) por preguntarle correctamente al agente que "por qué debía irse de una acera en la que estaba hablando tranquilamente con otros tres amigos, sin bebida ninguna en la mano ni nada".

Desde que el Ayuntamiento de esta ciudad aplica la ley antibotellón, la policía ya ha dado varias palizas a ciudadanos sevillanos.

Aquí no tenemos a Chávez de alcalde, ni a Castro ni a Evo Morales, sino al socialista Monteseirín. Pues en varias ocasiones, su policía ha atacado impunemente a los sevillanos, sin que las protestas de la ciudadanía sirvan para nada en absoluto. (Tengo entendido que la policía no puede pegar a un ciudadano, en un Estado de Derecho, salvo que fuese para defenderse de una agresión del mismo , cosa que aquí jamás ha ocurrido en ninguno de los casos denunciados).

Esta mañana, yo cometí un error: en lugar de quedarme dentro del coche y llamar a la susodicha señora por el móvil, me bajé un minuto del coche, repito, sin tráfico y con las luces de emergencia encendidas. Ese error me costó 120 euros. Mi amigo le preguntó a un policía por qué debía abandonar la calle si ni estaban bebiendo ni armando ruido alguno. A él, su error le costó una paliza.

En esta ciudad hay bandas de canis y de neonazis que campean a sus anchas, torturando a la gente, sin que la policía haga lo más mínimo: ésta está demasiado ocupada en actuar de modo fascista, pegando a los ciudadanos y asaltándolos con multas objetivamente injustas y evitables, para recaudar dinero para el Ayuntamiento, para financiar los viajes y comidas de nuestros ediles.

La policía, que debiera estar para defender a la población, se dedica a atacarla. Mientras los rateros roban a discreción y los gamberros incendian contenedores de basura, la policía persigue a los VOTANTES honrados que no saben dónde meter el coche, pues hay más calles prohibidas que permitidas para el aparcamiento (no olvidemos que los párkines públicos son otra fuente de recaudación municipal).

A Hacienda, que es la que recauda, la gente le teme como si fueran policías sevillanos. Éstos, por su parte, se dedican a recaudar dinero, a la caza del incauto desgraciado que abandona un minuto el vehículo, en una calle vacía de coches, para dar trabajo a una inmigrante. Eso, siempre y cuando no se trate de un domingo con partido del Sevilla Fútbol Club, día en que cuatro de seis carriles de la avenida adyacente al estadio, están ocupados por coches aparcados ilegalmente (domingo tras domingo), sin que se ponga la más mínima multa. Hacienda parece la policía, la policía parece Hacienda; los delincuentes tienen derecho a dominar y "colonizar" nuestras calles, mientras los ciudadanos honrados somos víctimas de la policía. Aquí contribuimos con unos impuestos municipales terribles para pagar los sueldos de los polis que nos multan. Paradojas de la vida, paradojas de Sevilla.

Quiero aclarar, es obvio, que no hablo del cuerpo de policías como tal, del que la mayoría, estoy seguro que desean servir al bien común y al orden; me refiero a los que nos tratan como si no hubiese acabado el franquismo y a los que complican nuestra economía familiar con multas, la mayoría absolutamente tramposas y desproporcionadas. Mientras tanto, Sevilla es una de las ciudades más inseguras de España, si no es la primera.

Sin ir más lejos, esta misma tarde, mi hija de trece años, junto con sus amigas, ha tenido que correr, perseguida por un grupo de canis que querían hacerles daño. Afortunadamente no las alcanzaron, pero ha llegado a casa llorando, nerviosísima por el miedo que había pasado. ¿Dónde estaba la policía? Teniendo en cuenta que es sábado por la tarde, es fácil suponer que estuviera en el centro, poniendo multas.

Yo, al menos, puedo esar contento porque he tenido más suerte que mi amigo: a mí no me dio el agente ninguna paliza; simplemente me trató con desprecio y me castigó con "sólo" 120 euros.

En mis tiempos de estudiante, a esto se le llamaba totalitarismo, fascismo, dictadura. Hoy lo llaman democracia, socialismo. Creo.

Movilizaciones en defensa de la Familia Cristiana

Tomamos de eclSALia este artículo de Antonio Garrido y Maite Dorronsoro publicado el pasado 28 de diciembre.

Observamos con cierto estupor como a lo largo de estos días se nos ha venido convocando, a través de las parroquias, obispados y diversos medios de comunicación, para concentrarnos y manifestarnos “en favor de la familia cristiana”. Ya se había hecho con anterioridad, y esta reiteración aún nos preocupa más, si cabe, pues no teníamos conciencia de que estuviésemos en peligro. Es más, no sabemos muy bien de qué o de quién debemos defendernos y, con cierto desconcierto, nos hemos planteado: ¿quién nos ataca?

Somos un matrimonio próximo a cumplir 30 años de vida en común, creyentes cristianos y miembros activos de nuestra Iglesia desde muy jóvenes; de hecho nos conocimos en grupos parroquiales en los que ambos nos formábamos en la fe e intentábamos desarrollarla. Nada ni nadie, si exceptuamos nuestras propias limitaciones, impidió, ni tan siquiera entorpeció, para que desarrolláramos nuestra vida, personal y de pareja en ninguna de sus facetas; nuestra militancia cristiana fue perfectamente aceptada y compatible con otros grupos sociales y políticos con los que compartimos anhelos de cambio social en nuestra España de los años 70 y en la transición, aportando a todo ello nuestra visión social cristiana tal y como el Concilio Vaticano II nos había impulsado. Hemos educado a nuestros hijos de la mejor manera que nosotros considerábamos, sin que nadie nos impusiese nada y acudiendo a colegios de ideario religioso cristiano que, además, estaban subvencionados por el gobierno de turno. Ellos han podido elegir libremente sus referencias vitales y lo han hecho en la fe cristiana, continuando, como nosotros, una militancia activa en la Iglesia.

En definitiva, hemos sido libres para declarar y vivir nuestra creencia cristiana y para actuar en la sociedad según la misma; por lo tanto, insistimos ¿dónde está el problema?

A nosotros nadie nos los ha creado. No lo crean nuestros vecinos, Adolfo y Sergio, que son homosexuales e intentan construir una pareja con todas sus dificultades y con toda su ilusión, pues tienen derecho a ello; no son enfermos que, como si fuesen los leprosos de antaño, deban ser excluidos. Compartimos con ellos el amor y la fidelidad que desean vivir y los proyectos comunes por una sociedad más justa y tolerante, que a nosotros nos mueven desde el evangelio; el cual, por cierto, no establece normas para la confección de una familia o de una determinada organización social, que esto es cambiante a lo largo de los tiempos y los lugares, sino unos valores. Y entre ellos está la tolerancia y no está la exclusión.

Tampoco nos los crea Lola, nuestra amiga que, una vez conseguido el divorcio, sigue tirando del carro para que se mantenga la familia que constituyen sus hijos y ella. Nosotros la apoyamos para ayudar a que siga adelante, confiando en el cariño de las personas y en la bondad de la convivencia.

Tampoco lo hace multitud de parejas que no son creyentes y con las que trabajamos día a día en diversas tareas de nuestro ámbito. Ellas entienden su compromiso matrimonial desde otras perspectivas y se esfuerzan, lo mismo que nosotros, por madurar juntos y educar a sus hijos en los valores éticos en los que creen y que son ampliamente compartidos por nosotros. A estas parejas les agradecemos, además, su coherencia y el profundo respeto que sienten por nuestra creencia y que manifiestan, entre otras cosas, al no hacer la pantomima social de casarse por la iglesia o de introducir a sus hijos en unos sacramentos que no tienen entronque con su vida.

Y por supuesto, no nos crea ningún problema que se tengan distintos puntos de vista sobre un tema tan profunda y maravillosamente humano, y por lo tanto sujeto a tantos avatares sociales, históricos y culturales, como es el de la sexualidad. La importancia está en que todos, desde sus particulares creencias o increencias, aportemos experiencias de relaciones psicológicamente maduras y gratificantes; no se trata de moralizar, sino de caminar hacia relaciones interpersonales maduras y, en lo posible, estables, pero siempre atentos a los problemas y situaciones de cada persona.

En donde sí puede estar el problema de todo esto es en el tratar de imponer una sola visión sobre el tipo de pareja y de familia que hay que hacer, sobre el tipo de sociedad que se debe construir, excluyendo, por malas e inmorales, otros tipos de visión del mundo y de la sociedad. Y esto no es de recibo; el Evangelio no es un recetario sobre como construir la sociedad, sino la adopción de un estilo personal de vida con unos valores para ofrecer libremente y compartir en la sociedad que nos ha tocado vivir, que no es mala en sí, pues está preñada de vida y de esperanzas, de personas con grandezas y miserias que buscan, se pierden y, a veces, van encontrando. “Y vio Dios que todo era bueno”.

Defender a la familia, ¿no tendrá más que ver con trabajar para eliminar las pésimas condiciones de trabajo de tantas parejas, los bajos salarios, la imposibilidad de hacer frente a una hipoteca sin trabajar los dos miembros de la pareja en jornadas interminables, de no poder congeniar aceptablemente el trabajo y la paternidad o maternidad? En definitiva, con mejorar las condiciones vitales de tantas familias que padecen incomunicación, falta de estímulo, pobreza y un largo etcétera de situaciones que limitan su capacidad normal de funcionamiento. Luego, eso sí, decimos alegremente que se desmoronan las familias como si de un azar caprichoso se tratase o de la acción de un determinado gobierno.

¿Cuántos de los que se manifiestan por las familias son responsables, en base a su posición social o laboral, del mantenimiento de esas situaciones injustas? Porque la contribución a un mundo más justo y solidario en el que se respete la dignidad de cada persona y se erradique la necesidad y la pobreza sí que está en el evangelio. Y la necesidad, en sus diversas variantes, y la pobreza, absoluta o relativa, si que son causa de deterioro social y no tanto, como creen algunos miopes, los pecados personales contra la carne.

Dicho esto solo nos quedar pasar un poco de vergüenza ajena y expresar a nuestra sociedad la convicción de que no todos los cristianos pensamos y vivimos como el grupo que se manifestará; es más, que ese grupo no es mayoritario en nuestra Iglesia, y nos estamos refiriendo a la Iglesia en sentido amplio y no circunscribiéndonos a la española de estos tiempos, en la que parece que habrá que sentar en el diván de un buen psicoanalista a algunos de sus miembros para ver si conseguimos curarla de ese ataque agudo de manía persecutoria. Decirle que se trata de un grupo que no ha digerido bien el concepto Reino de Dios y lo confunde con el de ciudad terrenal y que, de esta manera, defiende sus intereses de bienestar, comodidad, tranquilidad espiritual y, de paso, sus aspiraciones de poder social.

13 de enero de 2008

El Ministerio para la Familia

El líder del PP, Mariano Rajoy (perdonen el lapsus: he querido decir, el candidato a la Moncloa por el PP; el líder sabemos que es Aznar) ha anunciado que, si gana las elecciones, creará un "Ministerio para la Familia".

El hecho de que dicho anuncio haya ocurrido justo en paralelo a la última manifestación, del pasado día 30 en Colón; de los obispos, defendiendo "la familia cristiana y tradicional", y criticando de nuevo al Gobierno por su "ataque a la familia", no es más que una pura coincidencia. No hay que ser mal pensados: todos sabemos que no existe la más mínima relación entre la jerarquía eclesiástica y el sector más conservador del PP; también sabemos que la radio de la Conferencia Episcopal tampoco apoya al PP, ni mucho menos, a su sector más conservador. De manera que nadie piense que voy con segundas. De hecho, voy con "primeras".

Pero respecto a dicho nuevo ministerio sobre la familia, necesito que el Sr Rajoy nos resuelva algunas dudas. Ese ministerio creado para "ayudar a la familia":
- ¿consistirá, quizá, en una persecución de la especulación de la vivienda ,y en un control de los tipos de interés, para que las familias no vivamos asfixiadas por la hipoteca?
- ¿consistirá en un apoyo al gasto social para que todos tengamos derecho a la educación pública, la sanidad pública y el pleno empleo? Porque estoy seguro que el PP no se plantea la privatización de nada, ¿verdad?
- ¿consistirá en un aumento de la presión fiscal (entiéndase impuestos directos) a los capitales más altos, para repercutir ese presupuesto en ayuda a las familias?
- ¿consistirá, tal vez, en el cese de ciertas exenciones fiscales a las grandes empresas, para subir las pensiones, para aumentar las no contributivas, para garantizar el salario a los parados, para ayudar a las personas mayores (o enfermas) dependientes?
- ¿consistirá en proponer unos presupuestos generales del Estado que incluyan ayudas a las familias que no pueden atender médicamente a sus mayores, con enfermedades necesitadas de cuidados específicos?
- ¿será que va a aumentar la ayuda que da el PSOE a las familias por tener hijos?
- ¿consistirá en que va a garantizar la libre elección de colegios para los niños, y la continuación del cheque-libro?
- ¿regalará el bonobús, o bonometro, a los más necesitados, para sus transportes en busca de trabajo (como ha hecho IU en el Ayuntamiento de Sevilla, en los últimos cuatro años)?
- ¿garantizará clases de apoyo y recuperación, en verano, para los hijos de las familias más pobres (como también ha hecho IU en Sevilla)?
- ¿o más bien (o además) será que va a subir el salario mínimo interprofesional para aquellas familias que padecen estrecheces económicas (que son algunos millones de ellas en España)?
- ¿creará más servicios sociales en los barrios de las familias más pobres?
- ¿ayudará a los jóvenes para adquirir su vivienda, o incentivará la iniciativa empresarial con créditos blandos a los más emprendedores?
- porque la ayuda a las familias no creo que consista el ilegalizar el matrimonio homosexual, ¿verdad?
- porque tampoco consistirá el eliminar de la ESO la "Educación para la ciudadanía", esa asignatura que, desde que se imparte, tanto ha contribuido al hundimiento de las familias españolas, ¿no?

Finalmente, planteo una cuestión que me preocupa sobremanera: si Rajoy dice que va a bajar los impuestos, ¿de dónde sacará la partida presupuestaria para financiar el ministerio de la familia? ¿Lo reducirá, tal vez, de los gastos militares, por ejemplo? Porque estoy seguro que no aumentará los impuestos indirectos, ésos que gravan los artículos de primera necesidad y que pagamos todos por igual: Botín, Amancio Ortega, Aznar y yo. Y no lo creo porque eso iría en contra de la igualdad y la solidaridad que tanto pregona el PP. De todos es conocida la preocupación del PP por las clases sociales más bajas.

Parece ser que Rajoy ha creado su propia web. Como hombre del pueblo que es, estoy seguro de que habrá dejado una dirección electrónica para que el ciudadano se le pueda dirigir personalmente. Lo comprobaré y, si es así, le reenviaré estas preocupaciones que me asaltan. Cuando me responda (pues estoy seguro de que lo hará) os contaré sus respuestas.

Hasta entonces, estaremos en ascuas. Os despido, pues, hasta entonces.

PD: Si algún lector de esta web es votante (o simpatizante) del PP, y sabe las respuestas a mis preguntas, le agradecería enormemente que me las aporte en "Comentarios" (pues esto es un blog, y estamos totalmente abiertos al diálogo y las críticas). Más allá de las ironías, las preguntas van muy, pero que muy en serio.

Rebelion

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