24 de agosto de 2012

Julián Assange: test y desafío al Estado de Derecho

Todos entendemos por Estado de Derecho aquel que trata de asegurar la convivencia de un pais según las normas intrnacionales de la democracia, sustentada  en la soberanía del pueblo y en los derechos humanos. 

Es un hecho normal que entre los pueblos surjan conflictos  u oposición de interpretaciones jurídico-morales cuando les toca dirimir problemas entre ellos. Aquí, el hecho de que me ocupo es el de de la concesión de asilo concedido por Ecuador a Julian Assange. Y me ocupo tras el supertendencioso artículo de Ana Palacio “Julián Assange, fraude al Estado de derecho” ( El Pais, 22 –agosto- 2012).
 
¿Se coloca Ecuador  fuera del Derecho Internacional al conceder ese asilo? El Derecho Internacional tiene consagrado que las delegaciones y locales diplomáticos de los Estados son inviolables, incluido como consecuencia el derecho al asilo. Por lo tanto, EL Estado “perseguidor”  estaría obliagdo a conceder un salvaconducto al asilado para un abandono tranquilo del pais, no podría expulsarlo. 

El presidente Correa legitima su decisión presentándola como  garantía de un derecho que es esencial a Julián Assange y que lo ha ejercido con la denuncia y divulgación de miles y miles de documentos que cuestionaban la dignidad de la política del todopoderoso Estados Unidos. El derecho a la libre información podía, en este caso, ser conculcado o anulado y su autor podía verse perseguido, calumniado y hasta procesado injustamente. Esto lo acredita la práctica histórica de USA en casos semejantes. 

Ecuador es un Estado democrático y de derecho, sin que la opinión particular de Ana Palacios, -miembro del Consejo de Estado- lo impugne con simple decir que la política del presidente  Correa restringe  libertades que en este caso pretende defender. Lo afirmado hay que probarlo y probarlo desde el contexto real en que sucede y con  conocimiento riguroso e independiente. 

La intervención de Baltasar Garzón  en el caso de Julián Assange  potencia  como válida la decisión de Ecuador, dada precisamente la competencia, rigor, independencia y valentía  que atestiguan su larga trayectoria de juez. 

Carece de fundamento pensar que el juez Garzón procede  a obstaculizar la extradición  de Julián Assange a Suecia o la orden de detención  por la vieja manía de “echar la culpa a Estados Unidos” o   por dejarse llevar “por un populismo ascendente que se envuelve en el Estado de derecho”. Es mucho prejuicio y mucha arrogancia, y muy vieja, ésta de marcar a paises de América Latina de populistas  y relegarlos al margen de la comunidad internacional. ¿También ocurre esto cuando en la ONU siempre que se vota contra el embargo de Estados Unidos contra Cuba, una y otra vez Estados Unidos es derrotado por votación unánime y desprecia una y otra vez el veredicto? ¿O cuando  el Tribunal Internacional de la Haya, por 13 votos contra 2, sentenció que Estados Unidos indemnizara a Nicaragua todos los inmensos daños causados   con 15.000 millones de dólares y Estados Unidos nunca hizo caso de la  sentencia?
 
Hacer clasificaciones desfavorables acerca de los derechos y libertades en Cuba, Bolivia, Venezuela y otros pueblos,  desde paises que han practicado sistemáticamente el imperialismo y el colonialismo, y por el  que se  han impedido esos derechos y libertades hasta el extremo, resulta  irreverente y hacerlo ahora  en la conyuntura  del resugir prometedor de América Latina, es de  un engreismo soterrado  imperdonable. 

La legitimidad o no para el derecho de asilo debe apoyarse en razones  y no en el aireamiento de detestables prejuicios, que llevan a proyectar falsedades y calumnias  sobre la vida política de esos paises. Hay quien la coloca a Vd. Ana Palacios “entre esos periodistas  que creen que por tener un tintero y un micro por delante puede desahogar fuertes sus desafectos”.  Ecuador no se mueve bajo la caricatura de un Estado de derecho, ni los que lo seguimos críticamente  hacemos profesión de un  “inventado” populismo. Y hemos aprendido a precavernos contra  ese papanatismo occidental que admira  su sistema “ como barrera contra impulsos totalitarios”. La historia nos cuenta, sin apenas enmienda, de dónde y de quiénes han partido muchas veces esos impulsosos totalitarios.  Ciertamente, “es hora de que las voces del liderazgo europeo se alcen altas y claras, marcando una dirección”, pero que sea una dirección –finalmente- no para invadir, saquear, mentir y dominar, sino para promover , reafirmar la  soberanía de esos pueblos hermanos , reparar nuestros errores históricos,  respetarlos y cooperar con ellos. 

(Benjamín Forcano. Teólogo y sacerdote ex-claretiano expulsado de su           orden a instancias del Vaticano)
           

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