29 de octubre de 2010

Puedes cambiar de sexo pero sigues siendo un enfermo

De los compañeros de Actuable:
“Os juro que la única razón por la que no escribo un blog sobre mi relación con la Seguridad Social en este proceso de reasignación de género es porque no lo lean los de la Unidad de Identidad de Género y se mosqueen, porque de verdad que no tiene desperdicio”. R. intenta tomárselo un poco a broma. Lo que tiene por delante es un proceso muy duro y muy largo. Atrás deja muchas dudas, miedos, inseguridades y dolor, aunque dentro de poco eso será historia cuando el espejo le devuelva la imagen que está deseando ver: su verdadera imagen.

No podemos evitar pensar que personas como R. podrían haberse ahorrado muchas dudas y mucho dolor si empezáramos a sacudirnos del imaginario colectivo esa asociación de la transexualidad con un mundo deformado e histriónico, relacionado en muchas ocasiones con la prostitución. La consideración médica que se le da a los transexuales en España no ayuda. Se trata a estas personas como a enfermos; es más, se les considera enfermos. Su identidad está contemplada en el borrador del nuevo Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales y se habla de cosas como “incongruencia de género” o “trastorno de travestismo”.

“Afirmar que la transexualidad es una enfermedad, no solo es acientífico y obsoleto sino que nos condena a la estigmatización social, atenta contra nuestra dignidad, dificulta la integración social y, por tanto, el bienestar y desarrollo personal”, denuncian desde las asociaciones trans. Estamos hablando de un colectivo muy castigado, una situación muy difícil de revertir si no se toman las medidas adecuadas para normalizarlo. Cuando R. camina por la calle, entra en una tienda o en un bar, la gente se vuelve como si hubiera visto un marciano. “¿Qué mira esa chica? ¿Ay, pues qué va a mirar? A veces se me olvida”, bromea.

Pero de marciano nada. Hace unos meses, el psiquiatra Benito Peral me contó una historia sobre una pareja que fue al médico por problemas de fertilidad. Después de hacerse los análisis pertinentes, el doctor descubrió que la carga de cromosomas de la mujer se correspondía a la de un varón. El psiquiatra recomendó no decírselo nunca. “Era una mujer; su identidad era la de una mujer”, señala Peral. Y eso es mucho más poderoso que lo que digan tus cromosomas.

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