21 de mayo de 2011

Entrar en "La plaza de la solución"


Desde hace años, economistas, intelectuales, politólogos y otros analistas denuncian la crisis de nuestro planeta, una crisis estructural y terminal, que golpea a la humanidad y a la madre tierra: “grito de los pobres, grito de la tierra”. Alarma que ha sido escuchada pero sin incomodar a los políticos y a los especuladores financieros. Nada se movía. Los que debían poner remedio parecían destinados a someterse a la dictadura de los que detentan el poder económico, cegados por sus intereses y no por el bien y derechos del pueblo.


Teniendo sometidos a los políticos, todo lo tienen atado, aunque truene el clamor de la sociedad. La ola de reconcomida indignación subía y ha estallado en este 15 de mayo, en la Puerta del Sol y en mil plazas de España. Sin violencia, sin palabras huecas, sin reivindicaciones sectarias.


Era palmario el derecho de que la política somos los ciudadanos, la elegimos, la pagamos y debe hacerse en nombre nuestro y a beneficio de todos. Ha sido un rejonazo de muerte en medio de la rutina y las contradicciones de la maquinaria electoral. Ha salido al aire lo que todos sabíamos: falsas promesas, hostilidades de partidos, corrupciones descaradas, sueldos escandalosos, ambición del poder, leyes anacrónicas, olvido de los problemas de los ciudadanos.


Y hay quien busca en todo esto improvisación, torcidos manejos, ingenuidades infantiles, anarquismo destructor. No, simplemente el estallido de una indignación que rompe la inercia del miedo, de la humillación, de la tiranía económica, de la mercantilización de nuestra existencia. Hay recursos para todos vivir dignamente. Pero la arisca realidad nos enfrenta a la locura del armamentismo, de las guerras, de los despilfarros y de las desigualdades más lacerantes. Hay que mover a quienes nos representan en democracia y pueden acabar democráticamente con tanta discriminación. Más que a la democracia, hay que pedir cuentas a los que viven a costa de ella. Reivindicación , pues, de lo que debe ser la democracia que nos hemos dado, hacer leyes nuevas y ajustarnos a los mínimos de una ética elemental.


Son los primeros pasos, irreflenables, de esa colectiva concordia que acude a la Puerta del Sol : “plaza de la solución”. “Si no nos vais a dejar soñar, no os vamos a dejar dormir”.


(Benjamín Forcano)

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